
A menudo se comenta el hecho de que hombres y mujeres usen estilos de comunicación diferentes. Esto es, que hombres y mujeres usan el lenguaje de manera distinta, y para cosas distintas. Si nos fijamos un poco, observamos ciertas diferencias de la comunicación femenina y masculina, que con frecuencia producen malestar y discusiones que a veces acaban en terapia... o en ruptura.
Muchas veces las parejas discuten por cuestiones que desde fuera parecen insignificantes y sin importancia, pero que desde dentro se contemplan de otra manera: tras la discusión desproporcionada acerca de qué programa de televisión ver esta noche, de qué hablamos, o qué comemos hoy, a veces se están cuestionando los sentimientos presentes en la misma relación.
Es interesante resaltar que en las terapias de pareja una queja muy común en las mujeres de parejas heterosexuales es que “él no habla”. Lo cierto es que parece que muchos hombres sufren un periodo de locuacidad transitoria durante los estadios iniciales de una relación y, después, cuando la relación se ha asentado, se muestran mucho más callados y reservados, y esto no complace muchas veces a su pareja, que se queja de su mutismo y reacciona a menudo con violencia, intentando llegar a su amado a base de interrogatorios dignos de la Inquisición. Veamos un lindo ejemplo:
ELLA: ¿Qué tal te ha ido el día?
ÉL: Bien, como siempre, ya sabes...
ELLA: No ha pasado nada nuevo, entonces?
ÉL: No, nada, todo igual, como siempre...
ELLA: Bueno, chico, si no quieres hablar pues no hables. Ya me callo (pura ilusión!!!). Pero no entiendo que llegues a casa y te sientes hecho un pasmarote, deberíamos comunicarnos un poco más; mejor dicho, TÚ deberías comunicarte un poco más conmigo. ¿Te ha pasado algo? ¿Te encuentras bien? ¿ Te han echado la bronca? ¿Estás preocupado por algo? ¿Se ha muerto el loro del jefe? ¿Ha subido el IPC? ¿ ME ESTÁS ESCUCHANDOOOOOO?, Oiga, ¿hay alguien ahí?
RESULTADO: El macho dominante está en esta fase completamente bloquedado y ahora sí que es incapaz de decir ni una sola palabra, con el consiguiente cabreo desproporcionado de su amada.
Según el psicólogo José Antonio Marina, una mujer no debería preguntarse: “Pepe, ¿me amará siempre?”, sino más bien: “Pepe, ¿me hablará siempre?”, porque lo que después se manifiesta como una queja frecuente de muchas mujeres no es que el no la ame, sino que no le habla. Como véis, mujeres y hombres entienden el lenguaje y hacen uso del mismo de modos totalmente distintos: las mujeres solemos reafirmarnos por medio de la palabra mientras que a los hombres el uso excesivo de ésta a menudo les parece un abuso, algo carísimo y muy escaso que no se debe desperdiciar. Se abre la veda: opiniones, anécdotas, comentarios....
Besos